lunes, 28 de mayo de 2007

Diversidad, pluralismo y conflicto



El pasado 21 de mayo se celebró por sexta ocasión el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, establecida como tal a partir de 2002 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y que tiene como objetivo que la opinión pública tome conciencia de la importancia que representa la vinculación entre los principios de la diversidad, el diálogo y el desarrollo de los pueblos.

Además, resulta importante mencionar que el anterior 18 de marzo la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales entró en vigor, ya que ha sido ratificada por un total de 52 Estados miembros de la ONU.

A riesgo de que parezcamos obsesivos o reiterativos, tenemos que recordar y reflexionar los conceptos de “cultura” y “diversidad cultural” que maneja la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco), ya que de lo contrario podemos caer en confusiones.

La cultura, de acuerdo al organismo internacional mencionado “Debe ser considerada como el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, la manera de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.

Del concepto anterior se deriva, obligadamente, el de la Diversidad Cultural, ya que se considera que “La cultura adquiere formas diversas a través del tiempo y del espacio. Esta diversidad se manifiesta en la originalidad y pluralidad de las identidades que caracterizan a los grupos y las sociedades que componen la humanidad. Fuente de intercambios, innovación y creatividad, la diversidad cultural es, para el género humano tan necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos. En este sentido, constituye el patrimonio común de la humanidad y debe ser reconocida y consolidada en beneficio de las generaciones presentes y futuras”.

Los anteriores conceptos culminan la evolución de lo que hasta hace poco se entendía por “cultura” y que transita de las artes y las letras únicamente hasta la creación cultural bajo todas sus formas, de un pueblo o colectividad. Por su parte, la diversidad cultural siempre ha existido y se puede afirmar que es inherente a la humanidad, en cualquier momento y ámbito.

Un ejemplo de lo anterior es nuestra entidad, donde conviven diversas lenguas, iglesias, grupos sociales, y etnias. Al respecto, ojalá se dejara de usar la desgastada expresión “mosaico de culturas” que resulta obsoleta y se antoja más relacionado como algo estático y pisoteado que con un ente dinámico y siempre en evolución. Por otra parte, debemos recordar que en nuestra entrega anterior mencionábamos al racismo, que en nuestro país ha tenido una vigencia a veces invisible, imperceptible.

Pero también, la diversidad cultural ha dejado de ser lo meramente opuesto a la homogeneidad y uniformidad y de la multiplicidad de las culturas o identidades culturales, de las subculturas y de subgrupos poblacionales de dimensiones culturales diferentes pasa a vincularse con el pluralismo cultural, lo que significa que debe relacionarse con la democracia entendida como una práctica de vida donde el ciudadano es respetado en sus derechos y a la vez se respeta el derecho del Otro. Se trata de la democracia ciudadana, uno de cuyos fundamentos es el respeto a la diversidad cultural, en lo individual y en lo colectivo.

En la actualidad, la globalización, las nuevas tecnologías de la comunicación y otros factores han hecho que la percepción de la diversidad cultural cambie, ya que la cultura misma se debe considerar como un proceso en evolución permanente y no como un producto acabado o definitivo.

Precisamente, la globalización y las nuevas tecnologías de la comunicación han provocado en el presente siglo nuevas formas de diversidad cultural y, por lo tanto, nuevas formas de rechazo del Otro, del diferente, del que no piensa como nosotros y que apoya causas y movimientos sociales con los que no coincidimos.

Los partidarios a ultranza de las nuevas tecnologías de la información y del mundo virtual afirman que la diversidad cultural se ha desdibujado y que va en retroceso, pero los últimos estudios culturalistas manifiestan que más que ello se fortalece en un proceso paralelo y complejo de globalización y de resurgimiento de lo local, de lo propio, de las identidades étnicas. Lo anterior, no significa que neguemos la posibilidad de la “aldea global” y con ello de la homogeneización cultural forzada, pero también aceptamos una mayor potencialidad creativa del hombre que lo lleva a alterar su modo de ser para ser diferente, para diferenciarse y para resguardar su identidad personal en medio de todo lo que implica la aldea global que ya mencionamos.

La diversidad cultural se vincula con aspectos sociales y políticos de gran trascendencia, de ahí su importancia: tolerancia, relaciones de poder, derechos humanos, discriminación, exclusión, racismo, injusticia social, desigualdad, desarrollo inequitativo, etc. De lo anterior de deriva una serie de problemas relativos a su respeto, problemas que devienen conflictos de muy diversa índole. No es casual que gran parte de los conflictos que hoy se generan en los estados-naciones incluyan aspectos culturales, como son, por ejemplo, los que se relacionan con las diferencias culturales entre nativos y migrantes, materia ampliamente estudiada y respecto a lo cual hay múltiples propuestas.

El reconocimiento, la aprobación y el respeto de la diversidad cultural implican un pluralismo cultural, al cual entendemos como la forma en que los estados-naciones, los grupos ciudadanos, los organismos nacionales e internacionales la comprenden, aceptan y asumen. En cuanto a ésto no se pueden dictar recetas de políticas públicas, ya que en cada localidad, región o país la diversidad cultural se manifiesta específicamente en función de la historia culturalmente diferente.

En cuanto al pluralismo cultural, se debe pensar que en las sociedades modernas y sobre todo las urbanas se presentan y se cruzan una gama de culturas que comprende diferentes puntos de vista, concepciones del poder, lenguas, origen regional, modalidades educativas, etc., es decir, una gran diversidad que se traduce en un pluralismo, que no a todos es grato, sino que les resulta incómodo e “inadecuado”.

Para quienes el pluralismo cultural resulta indeseable y piensan que únicamente su grupo es poseedor de todos los valores positivos y el Otro de los valores negativos, pugnan por “superarlo” y proponen una sociedad monolítica, hegemónica, “unida”, donde los Otros con su ropa, religión, actitudes, modo de vida, no estén, no se vean, no intervengan, incluso que desaparezcan, como sucede en algunas regiones de España y con las promesas del nuevo presidente de Francia. Ese es el germen de los conflictos culturales. Pero el pluralismo cultural es un valor democrático, un principio que obliga a repensar y a redefinir el conjunto de problemas, carencias y propuestas de todos los ciudadanos, grupos e instituciones que integran una sociedad, un conglomerado. De ahí la importancia de que las autoridades reconozcan y respeten la diversidad y asuman como un principio el pluralismo cultural.

Como expresión de la creatividad del espíritu del hombre, de su potencialidad creadora, la diversidad cultural no se puede reprimir y tampoco la generación de diferencias que conlleva. Lo anterior constituye el punto medular de las políticas públicas que la asumen, es decir, que de la manera en que los gobiernos y las autoridades conceptualicen la diversidad cultural dependerá la promoción de una mayor creatividad social si la perspectiva es positiva, o bien la discriminación y la exclusión, llegando hasta el racismo y el exterminio, si el concepto que se asume es negativo. Esto último genera problemas y conflictos culturales, sociales y políticos.

Quienes consideran a la diversidad cultural como un obstáculo y provocadora de conflictos para la nación, pierden de vista que representa una riqueza y que conlleva un aprendizaje que si no se presenta en el espacio familiar y en el ámbito escolar, provocará el choque de individuos y la confrontación de grupos, principalmente en el contexto de la convivencia étnica, donde las relaciones de poder hacen que se genere la preeminencia de una cultura sobre otra, por lo que un grupo étnico ve minimizadas y criticadas sus manifestaciones culturales: lengua, vestido, creencias, actitudes, visión del mundo, etc.

Pero lo anterior, no se queda en eso, sino que puede llegar a extremos que surgen o se derivan del fundamentalismo cultural y cuyas peores expresiones, como ya se mencionó, son la discriminación, la exclusión, el racismo y el exterminio étnico. Ejemplos de lo anterior sobran en las dos últimas décadas del siglo pasado y en los pocos años que va del presente: Armenia, Bosnia, Chechenia, Kosovo, etc.

Las políticas públicas en torno al respeto de la diversidad cultural deben sustentarse en el principio del pluralismo cultural, así como en la impartición de justicia equitativa, la justicia social, el Estado de inversión social, la globalización, la “excepción cultural”, la identidad cultural, la pobreza, etc.

En este contexto no podemos soslayar que el pluralismo cultural de igual manera que el pluralismo político implica problemas ya tradicionales y otros nuevos, como lo son la desigualdad de oportunidades y de poder, la discriminación y el extremismo, así como el fundamentalismo cultural.

Se puede afirmar que dos factores, entre otros, para lograr el cabal respeto a la diversidad cultural son las políticas públicas que la asuman y la educación. En el primer caso, el de las políticas públicas, no se trata únicamente de que la diversidad cultural se asuma en el discurso político, sino que se traduzca en acciones efectivas como son el combate a la pobreza y la impartición de justicia equitativa, que muchas veces se convierten en bandera política. Ejemplos que han trascendido el ámbito de nuestra entidad donde la pobreza, la injusticia y el discurso político demagógico los tenemos muy cerca.

Tanto en lo relativo a las políticas públicas en las que permee el pluralismo cultural como en la solución de los conflictos que se generan por lo mismo, juega un papel importante la educación, el contenido de sus programas y el enfoque filosófico de sus objetivos a mediano y largo plazo.

Como sistema organizado por el Estado, la educación debe considerar la formación de ciudadanos que desde su hogar mismo y desde el ámbito escolar asuman el respeto de la diversidad cultural como una práctica diaria, que los lleve a una convivencia, un diálogo en el marco de la paz y la democracia.

A través de la educación, se debe lograr que las “diferencias” no se tomen como excusa, pretexto o justificación de actitudes de intolerancia, agresión, exclusión y menosprecio.

El papel de la familia y de la escuela es formar ciudadanos que desde pequeños y más tarde al formar parte de la sociedad, tengan como principios la tolerancia, el reconocimiento y respeto del Otro, de ideologías, religiones y modos de vida diferentes a él. Se trata de formar ciudadanos que asuman una convivencia plena en la diversidad, en cualquier ámbito: familiar, escolar, laboral y público.


PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO QUINCENAL CULTURAL “LA VALQUIRIA” DE DIARIO DE XALAPA DOMINGO 27 DE MAYO

jueves, 24 de mayo de 2007

XALAPA: IDENTIDAD Y DIVERSIDAD CULTURAL

Como todo espacio cultural, Xalapa es una y varias. En Xalapa cada individuo, cada grupo, sector o comunidad que la habita tiene una manera de pensar, representar o imaginar a la capital de la entidad. Esta ciudad es muchas y diversas. Cada quien construye mentalmente la Xalapa que vive, la Xalapa que necesita, y la Xalapa que le gustaría que fuera. A veces coinciden, en otras no.

En esas diferentes ciudades construidas que cada persona o grupo se imagina, hay similitudes y diferencias pues el proceso en el cual construimos “nuestra Xalapa” es resultado de las satisfacciones, los problemas, situaciones, dinámicas y anhelos de cada habitante de esta ciudad; también es producto de la información diferenciada que en torno a la ciudad cada quién recibe y somete a otro proceso; es consecuencia de diferentes presiones de tipo social, económico y político.

Cada individuo o grupo xalapeño posee elementos culturales similares y diferentes, de acuerdo a su sector, a sus colonias, a sus gremios, a sus barrios, su religión, su ideología, que coadyuvan a que construya “su Xalapa”. Todos esos elementos culturales (tangibles e intangibles) sirven como mediadores entre individuos y grupos con la ciudad, para que cada uno de ellos construya su propia imagen de ella.

Lo anterior significa que de acuerdo a la identidad de cada individuo tendremos tantas Xalapas como nos las podamos imaginar, pues esta ciudad capital es producto de la identidad individual ya mencionada, que transformada en identidad colectiva produce una diversidad con las que nos encontramos en el Centro Histórico, en cada espacio de concentración comercial, en cada barrio, en cada colonia, en todo Xalapa.

De esta manera, la identidad individual y colectiva y la consecuente diversidad que de ella se deriva nos obligan a observar y si queremos escudriñar una Xalapa integrada por ricos y pobres, a gente que trabaja y personas que mendigan una ayuda o apoyo para conseguir trabajo, jóvenes que deambulan buscando un empleo, adolescentes que vagan por los centros comerciales en busca del amigo o de “una onda”, mujeres que lucen ropa a la última moda y mujeres en cuya cara se expresa la angustia por llegar al final de la quincena con los recursos suficientes para la subsistencia.

También, a Xalapa la integran los que cada viernes acuden al Teatro del Estado a escuchar en sus temporadas a nuestra Orquesta Sinfónica, algunos por años en su misma butaca, a los que acuden a las inauguraciones de las exposiciones en las galerías, los asiduos a El Ágora de la Ciudad, los que leen los pocos suplementos culturales que se publican, etc.

Xalapa no es una, Xalapa no es la que ven y viven quienes creen y piensan en una identidad cultural única, indivisible y llena de satisfactores. Xalapa posee tantas identidades como grupos sociales la integran y de igual manera que otros o que todos los espacios urbanos, es asiento de una diversidad cultural que debemos saber observar, analizar, valorar y apreciar en todas sus dimensiones, para no menospreciar ninguna, aunque nos parezcan raras, despreciables o talmente opuestas a la que nosotros poseemos o hacemos nuestra, pues su valor es idéntico a la que asumimos.

Vale la pena recordar que la cultura “debe ser considerada como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, la manera de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”, esta definición que hacemos nuestra, se adoptó en la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales (México, 1982), en la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo (1995) y en la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales para el Desarrollo (Estocolmo 1998).

Los xalapeños, así como algunas autoridades que ostentan y presumen cierto concepto de “cultura” deben leer y analizar lo citado anteriormente, de tal manera que amplíen su visión de lo que es planear, implementar y evaluar políticas culturales, y no quedarse con nociones que nada tienen que ver con la cultura en el presente siglo y no confundirla en cualquiera de sus sentidos (amplio, restringido, antropológico, social, político, etc.) con las llamadas “bellas artes”.

Por otra parte, también vale la pena recordar que “la cultura adquiere formas diversas a través del tiempo y del espacio. Esta diversidad se manifiesta en la originalidad y la pluralidad de las identidades que caracterizan los grupos y las sociedades que componen la humanidad. Fuente de intercambios, innovación y de creatividad, la diversidad cultural es para el género humano tan necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos. En este sentido constituye el patrimonio común de la humanidad y debe ser reconocida y consolidada en beneficio de las generaciones presentes y futuras”.

La anterior definición es la trascripción del artículo 1º de la Declaración Universal de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Cultura y la Ciencia (UNESCO) sobre la diversidad cultural, adoptada el 2 de noviembre de 2001 durante la XXXI reunión de la Conferencia General de la UNESCO, pocos días después de los hechos del 11 de septiembre del mismo año. Para que esta declaración entre en vigencia se requieren treinta votos de los Estados miembros. Afortunadamente el Senado del Congreso de la Unión de México ratificó tal declaración hace tres semanas.

Dentro de este marco tenemos que la identidad es un proceso de construcción simbólica de identificación-diferenciación que se realiza en relación con un marco referencial que comprende diversos aspectos: territorio, sexo, edad, clase, religión, convicciones, aficiones. Hablamos de un proceso identificador que lleva a los grupos o colectividades a generar distinciones, inclusiones, exclusiones, jerarquías y reglas no escritas de relaciones de poder.

De esta manera, nos vemos obligados a pensar que la identidad colectiva se da en un espacio también colectivo que en este caso lo ubicamos en una ciudad: la nuestra, implicando una diferenciación o distinción en cada grupo social en cuanto a uno o varios referentes: barrios, diversidad sexual, edad, niveles económicos, perfil académico, gustos, filiaciones políticas, moda, etc.

Esto nos lleva a hablar de un mosaico de identidades y diversidades culturales que se presentan en esta ciudad en el actual inicio del siglo XXI y que de una manera u otra derrumban el tradicional concepto de identidad cultural xalapeña, como única identidad que poseía Xalapa, tanto en el imaginario de sus mismos habitantes, como en los individuos que desde fuera la visitan, la admiran, o llegan a vivir en ella.

Xalapa no posee una sola identidad y si es asiento de una diversidad cultural de acuerdo a los nuevos paradigmas y categorías que hoy son insoslayables. Esto de ninguna manera quiere decir que pierda su imagen de ciudad culta, pues la cultura es una de las características que la identifican y que la hacen diferente a las demás, ya que en ella se generan actividades artísticas y los eventos culturales más notables de la entidad y del sureste del país.

En este contexto, el nuevo debate cultural en Xalapa debe rebasar la discusión bizantina de que si la ciudad conserva su categoría de “ciudad culta” o no, o que si continúa siendo la “Atenas veracruzana” o este calificativo le viene grande y está en desuso. El nuevo debate cultural en Xalapa debe girar en torno a sus identidades y diversidades culturales: ¿cómo reconocerlos?, ¿cómo atenderlos?, ¿cómo equilibrarlos? , etc.

Si en Xalapa existen varías identidades y una diversidad cultural amplia y digna de respeto ante cualquier grupo social y económico, lo cual constituye un reto y una responsabilidad, se deben identificar modelos de desarrollo cultural que funcionen localmente acordes a esas identidades y a la diversidad cultural de la que hablamos, de ello nos debemos preocupar, pues cada comunidad es libre de elegir sólo aquello que considere relevante y no necesariamente las políticas o prácticas culturales que se tratan de imponer y que solamente satisfacen gustos personales (la cultura del poder).

Al avanzar hacia el futuro en el campo de las políticas culturales, ciudadanos y autoridades debemos encontrar un equilibrio entre las realidades mundiales y las locales y diseñar estrategias que sean innovadoras y garanticen una dinámica cultural local para todos. He ahí el reto: una política cultural respetuosa de todas las identidades culturales, diversa, plural e incluyente de todos los sectores sociales.

DIVERSIDAD CULTURAL: RECONOCIMIENTO, RESPETO Y DEMOCRACIA

La cultura adquiere formas diversas a través del tiempo y del espacio. Esta diversidad se manifiesta en la originalidad y la pluralidad de las identidades que caracterizan los grupos y las sociedades que componen la humanidad. Fuente de intercambios, innovación y de creatividad, la diversidad cultural es, para el género humano tan necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos. En este sentido, constituye el patrimonio común de la humanidad y debe ser reconocida y consolidada en beneficio de las generaciones presentes y futuras.

La anterior definición es la trascripción del artículo 1 de la Declaración Universal de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) sobre la Diversidad Cultural, adoptada el 2 de noviembre de 2001 en la 31ª reunión de la Conferencia General de la UNESCO, pocos días después de los hechos del 11 de septiembre del mismo año.

Precisamente, a finales del año siguiente, 2002, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) proclamó a través de la Resolución 57/249 al 21 de Mayo como el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, lo cual tiene como objeto sensibilizar a la opinión pública sobre la importancia de vincular los principios de la diversidad, el diálogo y el desarrollo entre las culturas del mundo.

De esta manera, la celebración del Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo nos lleva a dar respuesta y ampliar algunos planteamientos, después de haber analizado la Declaración referida anteriormente.

Para empezar, retomamos el concepto de cultura que de acuerdo a la Declaración “debe ser considerada como el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, la manera de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”. Esta definición integral, a la cual nos adherimos, se adoptó en la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales (México, 1982), de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo (1995) y de la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales para el Desarrollo (Estocolmo, 1998).

La diversidad cultural siempre ha existido, pero su estudio sistemático se inició apenas el siglo pasado como factor que se vincula al pluralismo cultural, al desarrollo, a los derechos culturales, a las políticas públicas, a los derechos de los grupos minoritarios, a los derechos diferenciados, a la discriminación, a la tolerancia, a la identidad nacional y sobre todo, a la generación de una auténtica democracia.

Desde la anterior perspectiva, la reivindicación de las minorías nacionales y de los grupos étnicos portadores de una diversidad cultural plantea un profundo reto a las tradiciones políticas y a los esquemas socialistas imperantes durante mucho tiempo, pues no es posible que en el nuevo milenio que hoy vivimos persista la desconfianza hacia los “otros”; las personas, grupos, pueblos con otra religión, creencias, lengua, costumbres, tradiciones que representan una gran riqueza social y política.

Dentro del nuevo debate sobre la cultura, del cual nos hemos ocupado en pasadas entregas, el reconocimiento, la aceptación y la tolerancia hacia la diversidad cultural ocupa un lugar primordial, pues de ello depende el respeto a la identidad individual y colectiva, y el desarrollo de la solidaridad en el contexto de los intercambios culturales.

Ante fenómenos como la globalización, la sociedad de la información y del conocimiento y la mundializacion, la identidad individual y grupal se debe considerar como fundamento de un auténtico pluralismo cultural. Al respecto el Artículo 2 de la Declaración expresa que “ En nuestras sociedades cada vez más diversificadas, resulta indispensable garantizar una interacción armoniosa y una voluntad de convivir de personas y grupos con identidades culturales a un tiempo plurales, variadas y dinámicas. Las políticas que favorecen la inclusión y la participación de todos los ciudadanos garantizan la cohesión social, la vitalidad de la sociedad civil y la paz”.

En cuanto al mismo tema, el artículo 2 de la Declaración agrega “Definido de esta manera, el pluralismo cultural constituye la respuesta política al hecho de la diversidad cultural. Inseparable de un contexto democrático, el pluralismo cultural es propicio a los intercambios culturales y al desarrollo de las capacidades creadoras que alimentan la vida publica”.

Dentro de este escenario de pluralismo cultural, el derecho de cada individuo o grupo se traduce en optar libremente por una identidad representativa, incluyente y excluyente a la vez: lengua, vestuario, creencias, religión, fiestas, celebraciones, ritos, comida, etcétera. Esa es la diversidad cultural que todos debemos reconocer, respetar y tolerar.

La diversidad cultural debe ser visualizada partiendo de las ideas de igualdad, innovación, transformación. La idea de desarrollo se ubica en el centro de la visión actual del mundo. A partir de esta visión se considera al hombre como elemento de transformación del contexto social y ecológico en el que se desarrolla. El hombre mantiene un equilibrio dinámico con el medio y es el transformador del mismo. Una reflexión del desarrollo debe partir de una teoría general del hombre y de su diversidad cultural.

Al referirse a la igualdad y a la diversidad cultural, el maestro español Norbert Bilbeny manifiesta que “con la globalización y el crecimiento de las sociedades pluriculturales la igualdad ha de servir también para que cada uno y su grupo cultural puedan expresar sin discriminación sus diferencias. Ya no hay igualdad, sino muchas igualdades. Una sociedad desigual actuaría, en cambio, contra esta pluralidad cultural, la cual hemos de acostumbrarnos a ver que no es mala, sino buena, pues de la cultura se trata. Además, quien se sienta incómodo ante ella ha de pensar que todos provenimos de una « diferencia » u otra, que siempre somos « diferentes » de otro, y que en cualquier momento, por causas muy diversas, desde la salud y la necesidad económica hasta los acontecimientos políticos, podemos aumentar esta condición de ser “diferentes al resto”.

En cuanto al desarrollo el artículo 3 de la Declaración se refiere a él: “La diversidad cultural amplia las posibilidades de elección que se brindan a todos: en una de las fuentes del desarrollo, entendido no solamente en términos de crecimiento económico, sino también como medio de acceso a una existencia intelectual afectiva, moral y espiritual satisfactoria”.

Uno de los principales vínculos de la diversidad cultural es su relación con los derechos culturales, siendo el primero el derecho a la libertad de elegir la identidad que se quiera adoptar, el modo de vida que se prefiere, ser lo que se quiere ser sin perder otras opciones posibles. El producto de lo anterior es la diversidad cultural.

Una falacia que se manifiesta continuamente contra la diversidad cultural es la relativa a que constituye una amenaza para el Estado – nación por la gama de identidades y derechos culturales de las etnias y grupos minoritarios. En muchos Estados, en esta época donde resurge el fundamentalismo, se practica la expulsión, las “limpias étnicas”, el aislamiento, la marginación y la descalificación social y política de los grupos culturales con diferente identidad a la de la mayoría o del grupo dominante. Estamos ante un caso de intolerancia y discriminación de la diversidad cultural.

A lo anterior se puede agregar que es cada vez más frecuente en pleno siglo XXI que nos enteremos de la persecución y discriminación de individuos y comunidades enteras por causas estrictamente de diversidad cultural, sin que las víctimas puedan estar en posibilidad de recurrir a las normas jurídicas vigentes para protegerse de estas arbitrariedades. Estas violaciones a los derechos culturales y agresiones a la diversidad cultural requieren una permanente vigilancia de todos los ciudadanos, de la sociedad, de la comunidad internacional.

Respecto a la diversidad cultural y los derechos culturales el artículo 5 de la Declaración expresa que “Los derechos culturales son parte integrante de los derechos humanos, tal como los define el Artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y los artículos 13 y 15 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales”.

En relación a este mismo tema el articulo 5 agrega que “… toda persona debe, así, poder expresarse, crear y difundir sus obras en la lengua que desee y en particular en su lengua materna; toda persona tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respete plenamente su identidad cultural; toda persona debe poder participar en la vida cultural que elija y ejercer sus propias practicas culturales, dentro de los límites que impone el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales”.

No podemos dejar de mencionar que la diversidad cultural se vincula fuertemente con las políticas públicas culturales que establece el Estado. Sobre este aspecto hemos manifestado ya nuestra preocupación porque respecto a la cultura no se ha llegado a conformar una política pública real y consistente, a la que se asigne un presupuesto adecuado. Lo que existen son programas desvinculados, acciones aisladas o flachazos y muchas, muchas declaraciones, que lo único que denotan es el menosprecio por la cuestión cultural, su diversidad, sus manifestaciones fuera del ámbito oficial: la cultura alternativa, la cultura de resistencia, la cultura popular.

La misma Declaración de la que nos hemos venido ocupando en su artículo 9 establece que “Las políticas culturales, en tanto que garantizan la libre circulación de las ideas y las obras, deben crear condiciones propias para la producción y difusión de bienes y servicios culturales que dispongan de medios para desarrollarse en los planos local y mundial. Cada Estado debe, respetando sus obligaciones internacionales, definir su política cultural y aplicarla, utilizando para ellos los medios de acción que juzgue mas adecuados, ya se trate de apoyos concretos o de marcos reglamentarios apropiados”.

Pero la simple Declaración no bastará para reconocer o respetar la diversidad cultural. Por ello, la misma UNESCO estableció un Plan de Acción para sus Estados Miembros, entre los que destacan cinco aspectos que nos resultan interesantes, dado que no se trata únicamente de promover y difundir “la cultura” sino retomar la diversidad cultural con otra visión.

Resulta interesante el debate internacional que sobre esta materia se propone, y que nosotros agregamos debería ser nacional y local, vinculándose con el desarrollo, la paz y la democracia. También se considera necesario fortalecer el pluralismo cultural con objeto de incluir en la sociedad a personas y grupos con identidades culturales variadas, muchas veces menospreciadas y rechazadas.

Se debe pugnar por avanzar en la difusión, comprensión y clarificación de los derechos culturales, como parte de los derechos humanos.

Y entre otros aspectos que recomienda el Plan de Acción mencionado destacan los que merecen un estudio y análisis especifico, amplio y profundo: la creación o consolidación de industrias culturales y el diseño de políticas públicas culturales que consideren la Declaración multicitada.

Cuando se desconocen, minimizan o relegan los valores, creencias, estilos de vida, costumbres, sistemas de vida o de organización comunal de una persona o de un grupo social diferente sufren discriminación y exclusión social, económica o política, porque creemos que no son iguales a nosotros, que no tienen libertad para elegir su identidad cultural. En suma, expresa el maestro Norbert Bilbeny “« la igualdad para la diferencia » funciona a la vez que la « libertad para la inclusión». No es un trabajo fácil ni la obra de un día. Pero es un imperativo más de la democracia global”.

Las anteriores reflexiones surgen con motivo del Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y Desarrollo celebrado ayer por cuarta ocasión. Estamos seguros que si todos los ciudadanos, así como los artistas incluidos en el presupuesto oficial y los creadores alternativos conocen la Declaración correspondiente, la analizan y la difunden mucho colaborarán para elevar el nivel del nuevo debate sobre la cultura y en la generación del reconocimiento, respeto y tolerancia hacia los “otros”, los diferentes, los que con otra visión del mundo, religión, lengua, creatividad, moda, costumbres, en fin, otras culturas, tiene los mismos derechos que nosotros, el derecho a una cultura democrática, a una auténtica democracia.

CONVENCIÓN PARA LA PROTECCIÓN DE LA DIVERSIDAD CULTURAL

“Durante dos décadas, Estados Unidos dio la espalda a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), porque consideraba que defendía las ideas de dictadores de izquierda y despilfarraba dinero. Fue en 2003 cuando Washington regreso al organismo internacional, donde ahora sufrió un severo revés”.

Lo anterior, forma parte de un boletín emitido por la agencia de noticias DPA el pasado miércoles 21 de octubre desde Paris. ¿A qué revés de Estados Unidos se refiere este boletín?

Precisamente un día antes, el 20 de octubre, la XXXlll asamblea general de la UNESCO aprobó por mayoría (148 votos) un proyecto presentado por Francia y Canadá con el apoyo de más de 25 países y que es la Convención sobre la Protección y Promoción de la diversidad de las expresiones culturales.

Sin embargo Estados Unidos e Israel votaron en contra del proyecto, absteniéndose Honduras, Nicaragua, Liberia y Australia. Se debe señalar que la UNESCO se integra con 191 Estados de los que 183 tienen derecho al voto por estar al corriente de sus cuotas. En la asamblea se encontraban presente 154 representantes de países con derecho a voto.

Lo anterior vino a reactivar el nuevo debate sobre la cultura como sucede siempre después de una asamblea general de la UNESCO, al establecerse medidas proteccionistas para las expresiones culturales de los pueblos, lo cual provocó una fuerte critica por parte de Estados Unidos a través de su Secretaria de Estado Condoleezza Rice, a diferencia de Francia que la considera el inicio del derrumbe del imperio cultural norteamericano.

Jacques Chirac, presidente francés, expreso que esta Convención “abre la esperanza de una globalización más respetuosa con la identidad de los pueblos... es un progreso importante en un mundo que necesita proteger la diversidad cultural y organizar el dialogo de las culturas”.

Esta Convención, que se integra con 35 artículos, tiene su antecedente en la declaración universal sobre la diversidad cultural de la UNESCO, adoptada el 2 de noviembre de 2001 en la XXXl reunión de su asamblea general, y la cual nos referimos en nuestra entrega del pasado 22 de mayo. Más adelante, en 2003, durante la XXXll asamblea general, se acordó iniciara la negociación para la adopción de la Convención promovida, como ya se menciono, por Francia y Canadá.

De acuerdo a la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales (México, 1982), a la asamblea de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo (1995) y de la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales sobre el Desarrollo (Estocolmo, 1998), la cultura “debe ser considerada como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o aun grupo social y abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, la manera de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.

Por su parte, el artículo 4 de la Convención se manifiesta que la diversidad cultural se refiere a “la multiplicidad de medios por los que se expresan las culturas de los grupos y sociedades. Están expresiones culturales se transmiten dentro y entre los grupos y sociedades. La diversidad cultural se manifiesta no solo en las diversas formas en que se expresa, enriquece y transmite el patrimonio cultural de la humanidad mediante la variedad de expresiones culturales, sino también a través de distintos modos de creación, producción, difusión, distribución y disfrute artístico, cuales quiere que sean los medios y tecnologías utilizadas”.

Usualmente se manifiesta contra la diversidad cultural una falacia relativa a que constituye una amenaza para el Estado-Nación por la gama de identidades de las etnias y grupos minoritarios. En muchos Estados, en esta época donde resurge el fundamentalismo, se practica la expulsión, las “limpias étnicas”, el aislamiento, la marginación y la descalificación social y política de los grupos culturales con diferente identidad a la de la mayoría o del grupo dominante. Estamos ante un caso de intolerancia y discriminación de la diversidad cultural.

Entre los objetivos de la Convención destacan tres que convienen citar: a) proteger y promover la diversidad de las expresiones culturales; d) fomentar la interculturalidad con el fin de desarrollar la interacción cultural con el espíritu de construir puentes entre los pueblos; y h) reiterar el derecho soberano de los Estados a conservar, adoptar y aplicar las políticas y medidas que estimen necesarias para proteger y promover la diversidad de las expresiones culturales en sus respectivos territorios. Como se puede apreciar, el último de los objetivos citados constituye unos de los aspectos de la Convención más criticados por Estados Unidos, pues representa un avance en la protección de la diversidad cultural y de la identidad de los pueblos y grupos minoritarios, como son los étnicos y otros.

En este mismo marco, se debe mencionar que el artículo más censurado es el 20, ya que establece la no supeditación de la Convención a otras, previendo la necesidad de que las disposiciones que contiene se consideren al adoptar o firmar otros tratados.

En cuanto a la interculturalidad, que constituye uno de los objetivos citados, el artículo 4 expresa que, “se refiere a la presencia e interacción equitativa de las diversas culturas y la posibilidad de generar expresiones culturales compartidas, adquiridas por medio del dialogo y de una aptitud de respeto mutuo”.

En el artículo 18 la Convención establece un Fondo Internacional para la Diversidad Cultural, el cual se constituirá como fondo fiduciario, de conformidad con el reglamento financiero de la UNESCO. Así mismo, como órganos de esta Convención el artículo 22 establece la Conferencia de las Partes que será el órgano plenario y supremo y el artículo 23 un Comité Intergubernamental para la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales.

Para que esta Convención entre en vigor en los países miembros de la UNESCO requiere su ratificación por 30 de los Estados que la firmaron. En México Inti Muñoz, integrante perredista de la cámara de diputados manifestó su disposición para proponer a la brevedad posible al pleno su ratificación.

El contenido de esta Convención es amplio y presenta aspectos susceptibles de ser debatidos desde muy diferentes perspectivas, por lo que se requiere un análisis conciso y con diversas dimensiones, ya que el embate para obstaculizar su vigencia será fuerte y permanente. Esperamos que para la próxima reunión de la asamblea general de la UNESCO la Convención haya sido ratificada por los 30 países necesarios para que su vigencia sea total.

Conviene recordar dos considerandos de la Convención: “la diversidad cultural, tal y como prospera en un marco de democracia, tolerancia, justicia social y respeto mutuo entre los pueblos y las culturas, es indispensable para la paz y la seguridad en los planos local, nacional e internacional” y “la necesidad de adoptar medidas para proteger la diversidad de las expresiones culturales y su contenido, especialmente en situaciones en las que las expresiones culturales pueden correr peligro de extinción o de grave menoscabo”.

lunes, 14 de mayo de 2007

México y el racismo

El racismo siempre ha existido, hasta llegar a constituir una ideología y un discurso político que muchas veces lo ocultan o lo convierten en algo invisible para no mostrar todas sus consecuencias y las acciones que bajo la máscara de una política publica lo concretizan en perjuicio de grupos sociales bien identificados.

De acuerdo Natam Lerner: “Sólo con la cabal comprensión de los horrores racistas durante la Segunda Guerra Mundial y el acopio de información acerca de los alcances del genocidio nazi y del Holocausto, el mundo tomó conciencia de la necesidad de adoptar medidas concretas para prevenir y suprimir la discriminación contra todo grupo humano, por cualquier motivo, y particularmente por razones de supuesta superioridad racial. En Dumbaton Oaks y en San Francisco hubo apoyo a las cláusulas sobre discriminación incorporadas a la Carta de las Naciones pero, aun entonces, “en poco estaba dispuestos a obligarse a tomar medidas de aplicación prácticas o efectivas” ”.

El 20 de noviembre de 1963 la Asamblea General de la ONU, próclamo la Declaración de las Naciones Unidades sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, de acuerdo a la cual son cuatro las modalidades de la discriminación Racial (1er. párrafo Articulo1) “toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color o linaje nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menos cavar el reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de igualdad, en los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas políticas, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida publica.”

Pero también el racismo ha evolucionado. Hoy, se pude afirmar que se han perfeccionado y afinado sus acciones. El racismo contemporáneo ha llegado a sustituir como su eje central a la raza por la cultura. Podemos observar al respecto que en muchas ocasiones, las víctimas de este lastre de la humanidad más que ser identificadas físicamente, lo son por la cultura de la que son depositarios o propagadores. Hoy, ya no se puede hablar de un solo racismo, de un racismo monolítico, el racismo biológico, sino de toda una gama de modalidades históricas que confluyen en el actual racismo.

Ante la diversidad de conceptos acerca del racismo, se requiere determinar el núcleo básico que lo define y que al mismo tiempo lo vincula con otras formas de rechazo o exclusión de lo que es diferente, del Otro. Nos referimos a la xenofobia, discriminación social, discriminación étnica, etcétera. Un núcleo básico del actual racismo es una sobrevalorización o valoración de diferencias reales o imaginarias, individuales o colectivas, entre la gente activo y el sujeto victima de la acción. En este caso las diferencias reales o imaginarias justifican la agresión que constituye el racismo.

De una manera u otra, el racismo entraña el rechazo a diferencias que conllevan a cierto tipo de relaciones de poder y que hacen que la convivencia en la colectividad se tense, se crispe y llegue a choques muchas veces de triste memoria en la historia de la humanidad.

El racismo puede presentarse como una ideología en dos grandes vertientes: la que se manifiesta en prácticas, comportamientos o discursos que exalta la diferencia y que la visualiza como un valor, como algo digno de conservar; y otra corriente que exaltan la necesidad de la igualdad por lo que deben de desaparecer las diferencias para pasar a un universalismo. Se trata o estamos hablando de las identidades colectivas, de la conservación o exterminio de la identidad de los grupos étnico, sociales, políticos.

En el marco de lo anterior, se pueden distinguir las relaciones con el Otro. Podemos entonces hablar de un racismo de la desigualdad y su variante que tiende a la asimilación y de un racismo diferencialista que a la vez se constituye por diferentes racismos o modalidades.

El racismo, como objeto de estudio en América Latina no ha ocupado un gran espacio, aunque han existido trabajos profundos y si se ha analizado no lo ha sido de manera concreta y directa. Esto no ha impedido que se haya llegado ha convertir, como ya lo hemos mencionado en una ideología o discurso político, y manifestado en una política publica. Ejemplo de lo anterior es el Indigenismo que en México se encuentra cuestionado y fuertemente criticado pues sus resultados no han sido los que se esperaban, pero si ha sido espacio para aplicar teorías propias y extrañas y llevar a la práctica acciones a la larga que han resultado nefastas por que entrañan visiones racistas.

Resulta así, que el racismo en México siempre ha existido a lo largo de la historia en el marco de las relaciones de poder y de las propuestas que intelectuales y políticos han hecho para asimilar, reivindicar o incorporar a nuestros grupos indígenas y otros que han llegado a México, como grupos de chinos, medio orientales, etc.

Precisamente, Beatriz Urías Horcasitas ha publicado un magnifico estudio: “Historias Secretas del Racismo en México. (1920-1950)” donde asienta que: “El proyecto de mutar la esencia de la sociedad mediante un amplio programa de <>, cuyos efectos se hicieron sentir entre 1920 y 1950, tuvo dos vertientes. La primera de ellas articuló una revolución cultural que buscó generar modificaciones en la mentalidad, las <> o las <> de los ciudadanos. Se pensó que esto se lograría mediante la elevación de nivel educativo y la sustitución de las creencias religiosas por valores laicos con una orientación patriótica y familiar, por lo que se emprendieron agresivas campañas contra el fanatismo religioso.

Una segunda vertiente, vinculada a la anterior pero siguiendo una racionalidad propia, impulso una verdadera <> basada en el mestizaje y la erradicación de lo que se consideraba herencia degenerada que corría el tejido social. El núcleo ideológico de este planteamiento amalgamó las ideas de sobre las razas, que habían circulado durante el siglo XIX, con elementos inéditos – como la eugenesia y la higiene mental – que estaban presentes en los autoritarismos europeos durante los mismo años. Diversas disciplinas contribuyeron a definir el perfil de este proyecto utópico de transformación social. Los antropólogos cercanos a la esfera del poder promovieron una política indigenista de unidad racial.”

La autora, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, hace un recorrido inédito hasta el momento acerca del racismo y su práctica en la política pública a través de tres grandes apartados de su obra. En la primera habla de El proyecto: el hilo invisible del racismo mexicano; en la segunda, de Los laboratorios; y en la tercera, De las redes. Todo esto presentando aspectos que si bien en parte eran conocidos e incluso han sido analizados, pero no de manera integral y bajo el enfoque especifico de una manifestación del racismo.

Urías Horcasitas menciona la configuración de lo que Guillermo Palacios denominó “La Reconstrucción de las Conciencias” a través de una revolución cultural. De aquí se genera precisamente el surgimiento del concepto del “Hombre Nuevo.” De acuerdo a la autora “A través la <> se buscó rescatar a las mayorías del atraso liberándolas del apego irracional a la religión y a las tradiciones comunitarias, lo que reactivo la vieja convicción –desarrollada a lo largo del siglo XIX – de que en el origen de las actitudes consideradas retrógradas se encontraba una herencia racial negativa. El objetivo puntual de la revolución antropológica que transformaría la esencia de las razas mexicanas fue formar un <>, un <> al que deberían asemejarse todos los integrantes de la sociedad. Racialmente sería un mestizo y socialmente combinaría rasgos del proletariado obrero-campesino y de la clase media, ya que la Revolución Mexicana aparecía como el resultado de la participación de ambos grupos. En materia de costumbres, estaría libre de adicciones como el alcoholismo, sería un trabajador honesto y buen padre de familia, habría superado el fanatismo religioso y gracia a ello sería un elemento activo para asimilar y difundir la nueva religión cívica inspirada en la doctrina nacionalista y laica promovida desde el Estado. Además de funcionar como arquetipo del nuevo ciudadano en la sociedad posrevolucionaria, en el contexto del nacionalismo oficial el <> encarnó también al ente social colectivo, concebido como resultado de la organización del proletariado en corporaciones obrero-campesinas.”
Uno de los aspectos más interesantes de esta obra es el que se refiere al surgimiento del “Hombre nuevo en México”. Al respecto, Beatriz Urías manifiesta que: “La representación del <> que se popularizó en México después de la revolución se construyó dentro de la ideología nacionalista oficial. La nueva clase política e intelectual concentró en esta figura muchas de las expectativas de renovación social que la revolución había suscitado en amplias capas de la población. Asimismo, la figura del <> permitió recuperar propuestas políticas de transformación que habían estado presentes en otras revoluciones modernas: la francesa, la bolchevique, el fascismo mussoliniano y el nacionalismo alemán. Existen infinidad de indicios, no sólo textuales sino también iconográficos, que permiten plantear que la figura del <> constituyó uno de los ejes ideológicos de la revolución en el poder. Basta echar una ojeada general al contenido y a las portadas de los periódicos y revistas; a la producción de las artes visuales; a la arquitectura y a los monumentos, así como a los carteles, a los folletos y a la propaganda política entre 1920-1950.”
Publicado el día 13 de mayo en el suplemento cultural “La Valquiria” de Diario de Xalapa

martes, 8 de mayo de 2007

Una relación de acuerdos

La cultura es el medio a través del cual el espíritu subsiste, se integra y se entrega a una Sociedad cuyo principal interés es la demanda del cumplimiento de sus necesidades.
¿A quién se le demanda a cumplir?, al Estado naturalmente. Es así como se ha generado desde tiempos ancestrales, una relación de acuerdos y desacuerdos, que en el mejor de los casos culmina en obras y apoyos a entera satisfacción del demandante y, en el peor, en un desajuste social en el que no se puede prever ni mucho menos medir las dimensiones del caos.
La atención a la cultura es una necesidad de primer orden, cuando ésta se lleva a cabo, generalmente está solventada con aciertos y desaciertos, el resultado de la acción deberá ser la suma de los aciertos. Corresponde a la sociedad y no sólo a los artistas señalar las carencias. Una política cultural bien llevada, atraerá la atención de propios y extraños al sitio donde se ejerza, ésto quiere decir lejos de la "cultura del poder", de gustos particulares de tal o cual grupo, individuo o expresión artística. La cultura debe ser libre y diversa, destinada a la revalorización y engrandecimiento del hombre; es una posición ideológica donde la comunidad manifiesta sus sentimientos más profundos.
La diversidad cultural vista desde Veracruz, de Eduardo Pérez Roque es un libro recomendado para aquellas personas que deseen profundizar en el tema, la elaboración y la veracidad de los textos aquí presentados está precedida de una investigación sólida en la que el autor deja en claro el conocimiento de muchos años, producto de su experiencia como promotor cultural dentro y fuera de las instituciones.
Con este libro, el maestro Pérez Roque lleva a feliz término la realización de un proyecto que para muchos será una obra que podrá entenderse como una visión analítica del panorama cultural de nuestro tiempo, observado desde el territorio veracruzano.

Silvia Tomasa Rivera

La diversidad cultural vista desde Veracruz







Agradecimiento



Indice

Una relación de acuerdos


I. CULTURA

Hacia un nuevo debate sobre la cultura



Diversidad cultural: reconocimiento, respeto y democracia



Derechos culturales, identidad y exclusión



Cultura: ¿simple programa o cultura política?



Convención para la protección de la diversidad cultural



Escenarios culturales en la sociedad globalizada



¿Y qué con el mercado cultural?



Industrias culturales: globalización, mercado e ideología



La radio cultural: consumo y usuarios



Consumo cultural y juventud



¡Usted y el libro!



De periódicos, revistas e historietas



Libros, lectura y lectores: La industria editorial a debate



Contracultura cibernética y cibercultura



¿Cultura alternativa vs cultura oficial?



Hacia una definición de los espacios culturales alternativos



Artesanias: Crisis y decadencia



Cultura, discriminación y racismo



Ley de fomento y difusión de la cultura



Mujer y derechos culturales: doble discriminación y exclusión



Migración y cultura: Necesidad de una nueva política pública



Verena Stolcke y el fundamentalismo cultural



Rubén Bonifaz Nuño: poeta y humanista



Gandhi: cultura, no violencia y paz



Gabriel Vargas y doña Borola Tacuche de Burrón



Guillermina Bravo: el creador y el desmantelamiento de su obra




II. INFANCIA Y EDUCACION

Niñas y niños: nuevos actores sociales



Contemporaneidad: reto de la educación para la alternancia política



Magisterio y transición a la democracia



De drogas, armas y mochilas



Enseñanza de la historia... ¿para qué?



De la televisión educativa a la "telebasura"



De Vasconcelos, libros y megabibliotecas



Brecha digital: imaginario y realidad



Infancia amenazada: pobreza, guerras y sida



Cultura escrita y Encuesta Nacional de Lectura





III. SOCIEDAD Y POLITICA


Eso que llaman sociedad civil



Cibercafés: nuevos ámbitos sociales



Identidad nacional y migración



Mujeres y migración internacional



Tolerancia: principio democrático que se desvanece



Discriminación: lastre social en el siglo XXI



Terrorismo: factor de tensión y desestabilización



Fundamentalismo, laicismo y tolerancia



Intolerancia: ¿signo de nuestros tiempos?



Liderazgo político para la transición a la democracia



Instituciones fortalecidas y confianza política



De lo popular al populismo



Del populismo al neopopulismo



Uruguay: el arribo de la nueva izquierda



Confianza y credibilidad: factores políticos fundamentales



Escándalo y cultura política



Desarrollo social y municipio



IV. DERECHOS HUMANOS


Convención sobre los derechos del niño: asignatura pendiente


¿Vigencia de los derechos humanos de las niñas y los niños?


Niñas y niños: víctimas de exclusión


Ley estatal de derechos y cultura de los pueblos indígenas: asignatura pendiente


¿Usted es un discriminado-discriminador?


Tortura: lastre de la humanidad


Refugiados: persecución y discriminación


Nuevo organismo de derechos humanos



V. VERACRUZ Y XALAPA


Acceso a la información pública en Veracruz


Xalapa: identidad y diversidad cultural


Xalapa: Hacia un imaginario cultural


Centro histórico y sociedad civil


Francisco Ferrer Guardia: de Barcelona a Xalapa


La Casita: Museo de la ciudad


Enrique C. Rébsamen: fuera de todo debate


Xalapa, retos para una política cultural












Agradecimiento

Los artículos que aquí aparecen
fueron publicados en La
Valquiria Suplemento cultural
de Diario de Xalapa, Coordi-
nado por Silvia Tomasa Rivera.
A ellos mi agradecimiento.