lunes, 23 de junio de 2008

¡ADIOS A LA REPROBACION!

De acuerdo al Sistema Nacional de Información Educativa de la Secretaría de Educación Pública (SEP) durante el ciclo escolar 2006-2007 reprobaron el curso 3 millones 35 mil niños y jóvenes de primaria, secundaria y preparatoria. Estos alumnos “reprobados” o “repetidores” costaron al país casi 21.5 mil millones de pesos de acuerdo con la misma fuente informativa.

Lo anterior nos lleva, por un lado, a recordar nuestras clases de evaluación educativa donde se discutían conceptos como los de calificación, aprobación, reprobación, repetición, deserción, indicadores y otros similares, pero que siempre giraban en torno al llamado “aprovechamiento escolar”; pero por otro lado, también nos obliga a repensar los conceptos mencionados dentro de un nuevo contexto científico-educativo y social. Hasta hoy, es cuestión común discutir estos conceptos y su aplicación en todos los niveles educativos, desde el básico hasta el superior.

Para nadie es desconocido que un hijo que reprueba o que es reprobado, como se quiera ver el asunto, resulta algo incómodo y más que ello doloroso y dramático, tanto para padres de familia como para el mismo alumno, que muchas veces no entienden o comprenden cabalmente las causas de esta situación, pero que rompe la relación armónica entre alumno, maestro y padre de familia. ¿Quién no recuerda al maestro que lo reprobó en un grado de la primaria, en una materia de la secundaria o en una asignatura de la licenciatura?

Pero también, en cualquier institución educativa, primaria, secundaria, preparatoria o facultad, gozan de fama dos tipos de docentes: los que suelen no reprobar a ningún alumno sin que los criterios para ello queden clarificados en el actual marco técnico-normativo vigente. Y los docentes que son reconocidos como “duros” o “exigentes” por el número de alumnos que reprueban y que igual que en el caso anterior sus criterios a veces no quedan bien reconocidos. En un caso o en otro, el número de alumnos reprobados por un maestro o en una institución sirve, en algunas ocasiones como indicador de la “calidad” del docente o de la escuela.

Todo esto pasará muy pronto a la historia, pues de acuerdo a información ofrecida por Fernando González Sánchez, subsecretario de Educación Básica de la SEP, el pasado día 16, a partir del próximo mes de agosto en que se inicia el siguiente ciclo escolar, 5 mil escuelas primarias aplicarán un programa experimental en el que se encuentran integrados “criterios de desempeño mínimo por grado o asignatura” de acuerdo a los cuales un alumno podrá ser trasferido al siguiente grado sin la posibilidad de que repruebe, pues se dará prioridad a su “desarrollo armónico a partir de su crecimiento; de su nivel de maduración que va logrando en cada uno de sus instrumentos intelectuales y emocionales; y eso hay que construirlo, no existe en el país”.

Lo anterior forma parte de los diez procesos prioritarios incluidos en la Alianza por la Calidad de la Educación signada entre el gobierno federal y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Pero más allá del aspecto meramente político, la anterior medida constituye un hito en la educación de México, además de las repercusiones sociales que tendrá a corto, mediano y largo plazo, pues de acuerdo al mismo subsecretario “los resultados podrán observarse en todo lo que resta del sexenio y para observar frutos, quizá en unos diez años”.

La propuesta no es novedosa, pues existen varios países donde el sistema educativo básico considera la no reprobación, si bien con otro sustento teórico. Aquí mismo, en Xalapa, esa propuesta la escuchamos en 1984 para el primer grado de educación primaria. Será interesante estar enterados cuáles de las 5 mil escuelas experimentales se ubican en Veracruz, para poder observar el proceso técnico-pedagógico y sus repercusiones sociales, pues en cada institución se conformará un centro de asistencia y un consejo para determinar los indicadores de progreso, de acuerdo con cada zona del país.

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