domingo, 31 de julio de 2005

Industrias culturales: globalización, mercado e ideología

Diversos factores influyen para que actualmente resurja el debate en cuanto a la cultura. Un debate en que tienen que participar no únicamente los creadores y académicos, además de los encargados de su promoción, difusión y administración, sino cualquier ciudadano interesado y atento, a nuestra identidad y al desarrollo integral de todos los mexicanos.
Este nuevo debate no puede ser similar a los que siempre se han dado, por ejemplo en esta ciudad, sino que deben considerar elementos o factores que obligan a repensar y a adoptar una nueva visión de la cuestión cultural. Es decir, se deben adaptar nuevos paradigmas, categorías, dimensiones y conceptos. Uno de ellos son las industrias culturales, que resulta raro o novedoso para muchos ciudadanos, incluyendo los involucrados en la materia.
El concepto de las industrias culturales no es nada nuevo, si bien su manejo es reciente. Actualmente se identifica con los medios de comunicación masiva o social donde se promueven y venden bienes y servicios y que actualmente presentan un crecimiento económico desmesurado y una expansión que rebasa cualquier frontera. Sus mercancías son los contenidos (de entretenimiento, información, históricos, políticos, entre otros) que se difunden a través de la radio, el cine, la televisión, la Internet, a cualquier público y a cualquier hora.
El crecimiento económico de las industrias culturales está vinculado a la globalización, de la cual resultan ser uno de los principales instrumentos y expresiones y de ella se deriva también, su relación con el mercado cultural y con su expansión que rebasa fronteras delimitadas o definidas de manera formal hasta hace poco, pero que hoy resultan desdibujadas o invisibles, por lo que se habla de una cultura desterritoralizada, esa que gracias a su carácter industrial llega con sus productos y actores a cualquier rincón del mundo.
Recordemos que para explicar la crisis que vivía la sociedad a principios de la centuria anterior, los integrantes de la Escuela de Frankfurt efectuaron un análisis de la cultura en los años 20 del siglo pasado. Entre ellos destacaban Teodoro Adorno y Max Horkheimer, quienes desde ese momento establecieron que la producción cultural, igual que hoy, era una mercancía que constituía un elemento del mercado, por lo que se estandarizaba y provocaba el consumismo, fortaleciendo la ideología de los grupos o clases dominantes.
A lo anterior, hay que agregar algo también nada novedoso: la generación de una dependencia hacia los grandes grupos de medios de comunicación y sus intereses de todo tipo que rebasa lo estrictamente cultural y que se condensa en patrones, estereotipos y modos de vida, lo cual se traduce en la imposición de gustos y preferencias, es decir estamos ante una estandarización cultural. Lo anterior, como ya se mencionó, rebasa lo cultural y llega a lo político.
Desde esta perspectiva los medios de comunicación considerados como industrias culturales son los instrumentos de los grandes monopolios para la generación de una dependencia y estandarización cultural que deviene control social, bajo el manto aparente del entretenimiento, la información o la promoción educativa.
Para Teodoro Adorno y Max Horkheimer la industria cultural es un proceso que da como resultado la mercantilización de los productos culturales (películas, videos, cd y otros) que han surgido de las industrias del espectáculo, llegando a la estandarización de las formas culturales, lo que ha ocasionado que el consumidor o usuario reduzca o carezca de un pensamiento crítico y autónomo. También, relacionan a este concepto con la cosificación en las sociedades modernas.
El análisis de las industrias culturales se puede realizar desde varias dimensiones o perspectivas. Para Leticia Picazo Sánchez comprende dos vertientes: la tecnología utilizada o los aparatos técnicos y los contenidos que se transmiten o discurso que se emite. Por otro lado, para Gaêtano Trenblay se pueden tomar cuatro dimensiones: la cultura como producto industrial; la cultura a partir de las técnicas que utiliza; la oferta y demanda de los bienes culturales en el mercado; y los criterios relativos a la producción capitalista dentro de las actividades culturales. Desde luego, predominan las dimensiones económica y estrictamente cultural.
Se puede afirmar, también, que las industrias culturales influyen en todo el mundo, propiciando la desterritorialización de la cultura, como ya se mencionó, lo cual es resultado de la globalización de los medios de comunicación, la telemática y la multimedia. Las industrias culturales se convierten en un diálogo en el que participan actores y grupos sociales de todo el mundo, primordialmente en el campo audiovisual (cine, música, televisión e informática). Las industrias culturales producen o coadyuvan a producir una visión del mundo a través de un lenguaje simbólico que muchas veces se convierte en realidad. Influyen en el entretenimiento, la información, educación ambiental, información política, la participación ciudadana a través de campañas mundiales como la relativa al SIDA, etc.
Lo anterior conduce a la formación de nuevas formas de ciudadanía, a la interacción de redes múltiples de hombres, mujeres, jóvenes y grupos no gubernamentales que se traducen en nuevas formas de integración simbólica, pero también propicia la exclusión, ya que si por un lado cada día tiene acceso a las nuevas tecnologías de la información una mayor población, también quedan fuera una gran mayoría, que se ven marginados y fuera de ese mundo creado por las industrias culturales.
Resulta importante hacer hincapié en el último aspecto mencionado, pues existen grandes masas de población que ven limitadas sus posibilidades para acceder a satisfactores básicos para elevar la calidad de su vida y se deben conformar únicamente con la música, las imágenes y la información proporcionada por las grandes industrias culturales. Otro ejemplo de lo anterior es la tremenda brecha digital que implica una marginación social y educativa, ya que por más que se trate de dotar de computadoras a una gran población infantil y juvenil, la realidad es que fuera del ámbito urbano la Internet no ha hecho su entrada masiva.
De esta manera la industria cultural propicia una mayor separación social y cultural entre los grupos que pueden disfrutar de sus productos y los que no tienen acceso a las nuevas tecnologías de la información de segunda y tercera generación. Se debe mencionar que incluso los del primer grupo también se encuentran segregados o marginados de los sectores económicos más fuertes y que gozan de otro tipo de productos culturales, muy ajenos a los que generan las industrias culturales: moda, espectáculos, nuevas formas de comunicación, etc.
Hasta hace poco el análisis de las industrias culturales se hacía de manera aislada pues se consideraba que cada una de ellas tiene una dinámica sectorial propia. Actualmente ya no se pueden estudiar de manera individual sino como un complejo entramado de productos, bienes y servicios. Su interrelación e interacción se vincula necesariamente a lo social, lo cual requiere un análisis integral del impacto que en esa dimensión tiene, pues su influencia, en mayor o menor medida es decisiva en la vida cotidiana y en la organización sociopolítica de toda la población.
Las industrias culturales al integrarse en grandes grupos económicos se han expandido internacionalmente, lo que constituye nuevos retos, como el diseño e implementación de políticas que las regulen, acuerdos sobre aranceles y autoría intelectual, mejor normatividad para las inversiones extranjeras, pero lo que es más importante: el reconocimiento de los derechos de los consumidores, sobre el que no se ha hecho casi nada.
Otro reto interesante de las industrias culturales es acabar con la separación de quienes se ocupan de ellas desde dos perspectivas que en muchas ocasiones chocan: la económica y la estrictamente cultural, dimensiones que ya se mencionaron anteriormente. Los que las ven con una visión economisista no observan el aspecto estético, cualitativo y social de la producción cultural. Los expertos en cultura y arte desconocen la administración y la planeación económica empresarial. Esta brecha debe desaparecer, pues si es posible establecer una relación entre una inversión y un cambio estilístico por ejemplo o la difusión internacional de una telenovela.
Otro aspecto vinculado a las industrias culturales y fuertemente debatido es el relativo a su impacto en la construcción de las identidades tanto individuales como colectivas, las cuales para Néstor García Canclíni son en este momento, híbridas, dúctiles y multiculturales.
En cuanto al tema anterior, citamos al mismo autor con una afirmación que está a debate: “al tener en cuenta los conflictos sociales que acompañan la globalización y los cambios multiculturales, es claro que lo que ocurre con las industrias es bastante más que lo que vemos en los espectáculos de los medios. Parece necesario, entonces, precisar nuestra afirmación del comienzo: la identidad es una construcción, pero el relato artístico, folclórico y comunicacional que la constituye, se realiza y se transforma en relación con condiciones socio históricas no reductibles a la puesta en escena. La identidad es teatro y es política, es actuación y acción”.
Dada la extensión del tema para finalizar citamos nuevamente a García Canclíni, estudioso de las industrias culturales, quien manifiesta que “las preguntas de los próximos años sobre lo que va a ocurrir con las culturas latinoamericanas tienen que ver con los sitios arqueológicos y los museos, los barrios históricos y las obras magnas del arte, pero más aún con los libros y videos, con la posibilidad de mantener y expandir industrias musicales y cinematográficas que nos representen y por supuesto, con la formación de consumidores que no significa sólo clientes sino lectores, cinéfilos, usuarios de Internet. En estos escenarios mediáticos se forman hoy junto a la escuela, los nuevos ciudadanos”.
¿Cómo usuario o consumidor, de qué manera se vincula con las industrias culturales?, ¿en qué medida las industrias culturales impactan e influyen en su imaginario, modo de vida y visión del mundo mediato e inmediato?

domingo, 17 de julio de 2005

La radio cultura: consumo y usuarios

De igual manera que otros medios de comunicación cuyo origen se remonta a los siglos pasado y antepasado, en los inicios del presente la radio se encuentra en una evolución acelerada en las que se encuentran involucrados sus usuarios-consumidores, como resultado de las globalizaciones, el surgimiento de la sociedad de la información y a las nuevas tecnologías de la comunicación, entre otros factores.
En la actualidad se debe reconocer que cada emisora se constituye en una comunidad virtual que se integra con múltiples usuarios ubicados en diferentes lugares y en contextos diferenciados. No se trata de una comunidad real, sino que solamente surge debido a las ondas radiofónicas. En todo caso, se tratará de una comunidad real cuando sean pequeñas localidades que presenten alguna homogeneidad en su habla.
Estamos ante una comunidad virtual, pero no de una habla artificial. En la radiofusora se integran diferentes hablas que pertenecen a diversos grupos sociales y a hablantes particulares.
La actuales radiofusoras siguen un proceso de multiplicación de emisoras donde éstas se amplían por cada uno de los sistemas de difusión: onda hertziana, cable o por satélite. De acuerdo a la anterior la radio resurge como medio de comunicación y mantiene actualmente una gran penetración en sus oyentes, tanto por el número de emisoras como por la audiencia a la que llega.
También, se debe considerar que el radioescucha de cada emisora se encuentra bajo las influencias del habla local, del habla de cada una de las regiones y el habla de la cobertura nacional de que se trate. Por otra parte, hay que tomar en cuanta que la multiplicidad de emisoras ocasiona la fragmentación de las audiencias.
Otro aspecto interesante respecto a las radiodifusoras es que debido al uso satelital y a la Internet rebasan las fronteras nacionales y cubren gran parte del mundo, ocasionando adstratos entre un idioma y otro, provocando una interrelación de influencias. En cada radio se refleja la diversidad de hablas según la comunidad donde se ubique, estando en posibilidad de integrar las de otras localidades.
Con la radio actual las influencias e interrelaciones del habla son inmediatas y simultáneas, generándose espacios virtuales idiomáticos. Se puede observar que en la radio temática los conductores adoptan por un lado un vocabulario adecuado a los contenidos y, por otro, a los conocimientos y preferencias de cada sector del público radioescucha. La radio se convierte en una altavoz de los diversos usos sociales del idioma, a través de su barra programática.
Se puede afirmar que las radios han llegado a crear un espectáculo sonoro integrado por la palabra oral y todos los rasgos fonéticos que integran su realidad virtual. Cada radiodifusora trata de crear su identidad propia mediante un espectáculo sonoro, también propio y particular, con un estilo que es definido por la calidad de los sonidos, por las voces, fonotipos, avisos, pautas. Es decir, cada radiodifusora tiene un discurso propio que la caracteriza y la posiciona.Ante los factores que la impactan y al formar parte de un nuevo mercado global las radiodifusoras se incorporan a los nuevos escenarios a través de diferentes recursos y estrategias: radio digital, radio por satélite, radio por Internet, radio multimediática en plataformas de comunicación y radios interactivas.
Dentro de este marco, se pueden retomar una tipología de radiodifusoras, nada nueva pero que continúa vigente: radio popular, radio comunitaria, radio indigenista y radio cultural. Los linderos de cada una resultan difíciles de precisar. Algunos teóricos las denominan “alternativas”, son las “otras” radiodifusoras. En Veracruz podemos mencionar Radio Huayacocotla, Radio Zongolica, Radio Teocelo, Radio Universidad Veracruzana y Radio Más, cada una de ellas con su trayectoria, sus méritos y altibajos.
El paradigma de la radio cultural en México es, desde luego, Radio Educación del Distrito Federal. Por su enfoque educativo, de promoción y rescate del patrimonio cultural y por la difusión de la producción artística local, nacional, internacional contemporánea y de otras épocas destacan actualmente, Radio Universidad Veracruzana con una cobertura que cubre únicamente esta ciudad y su región y Radio Más, cuya expansión le permite cubrir toda nuestra entidad y llegar a otras.
Lo anterior viene a colación al analizar los resultados de la Encuesta Nacional de Prácticas y Consumo Culturales, de la que ya hemos tratado en entregas anteriores. En esta ocasión nos referiremos al apartado correspondiente a la Radio Cultural que dentro del rubro general relativo a la Radio ocupa un espacio mínimo con dos planteamientos únicamente.
En cuanto a la radio en general, la encuesta mencionada señala que “cerca de 9 de cada 10 entrevistado de 15 años o más (87.3 %) manifiestan que acostumbran oír la radio” y agrega que “en relación a los tiempos de escucha, poco más de la tercera parte de la población (35.3 %) escucha la radio de 2 a menos de cuatro horas al día, 24.1 % más de cuatro horas y 22.4 % de una a dos horas diarias”.
También, el mismo documento manifiesta que el “92% de la gente acostumbra oír la radio en su casa; 23.3 % lo hace en el coche o autobús y 21.6 % en el trabajo”. Por otra parte, “los programas musicales tiene un amplio margen de preferencia con 87.0 %; les siguen los noticieros con 46.8 % y con menor peso se sitúan los de deporte con 14.6 % y los de entrevistas con 10.6 %”.
En lo relativo a la radio cultural, la encuesta planteó la pregunta: ¿escucha usted alguna radiodifusora cultural? El resultado fue que únicamente el 15.2 % de la población manifiesta que escucha alguna estación de este tipo.
Pero lo más interesante es lo relativo a la pregunta siguiente ¿Cuáles son los motivos por los que no escucha radiodifusoras culturales? Las respuestas a esta pregunta son las siguientes: 43.2 % de los encuestados expresan que no las conocen o no saben cuáles son; el 19.2 % no conoce su programación; 13.8 % no le interesa su programación; y el 9.1% no le gusta.
A los grupos anteriores de radioescuchas se agrega el que tiene que ver con la posibilidad de acceso: 13.4 % expresa que no se captan en su localidad.
Aunque las cifras anteriores que nos presenta la encuesta organizada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes difundida en el presente año, pueden ser debatidas, no se puede negar que resultan ser los últimos indicadores de la práctica y consumo culturales de los mexicanos.
A lo anterior debemos agregar que fue precisamente en esta ciudad de Xalapa donde se realizaron dentro de esta encuesta 120 entrevistas en profundidad orientadas a captar la opinión de cuatro tipos de informantes: usuarios de servicios culturales, no usuarios de servicio culturales, creadores y funcionarios encargados de instituciones culturales. Esto ultimo constituye un valor agregado que no podemos soslayar los jalapeños.
Al analizar las cifras anteriores no podemos dejar de remitirnos a las dos radiodifusoras culturales que existen precisamente en esta ciudad: Radio Universidad Veracruzana y Radio Más.
La primera, fundada hace varias décadas y que cuenta con un público cautivo de varios sectores sociales y con programas que han respondido a las expectativas de los radioescuchas precisamente universitarios; quién no ha escuchado a Carlos Romano a temprana hora, Francisco Aragón, las recreaciones de obra de literatura universal del maestro Felipe Casanova o reconocido la función social que cumple esta radio con las actividades coordinadas por Elisa Blanchet.
La segunda, fundada en tiempos recientes se puede incluir en las radios culturales. Cuenta con una barra programática diversa que responde a las expectativas de radioescuchas de diversos sectores sociales. Como ya se mencionó anteriormente su cobertura rebasa a nuestra entidad. Sus programas musicales resultan atractivos para amplias capas de la sociedad local, regional y estatal: taxistas que escuchan danzón, público adulto con el tango, público diverso con música folclórica en los programas de Manuel Vázquez, la famosas trasmisiones de óperas con el estilo suigéneris de Vázquez Pacheco. Todo coordinado por la entusiasta Cristina Medina.
En la actualidad las radiodifusoras culturales cumplen con una función primordial que rebasa su denominación original y se deben ubicar en lo social y en las políticas públicas culturales. Deben contar con capacidad creativa para responder a tres aspectos fundamentales: atender a la diversidad cultural como paradigma de actividad de difusión; deben combinar lo local con lo global, con una programación que pude resultar compleja pero no imposible; y deben ciudadanizar la integración de su barra programática. Y ante todo redefinir en estos momentos su concepto y visión de la “cultura” que difunden. Tienen que renovar en unos casos y fortalecer en otros su discurso cultural.
¿Su vinculación con Radio Universidad Veracruzana y Radio Más de qué manera responde a los grupos e indicadores de la Encuesta Nacional de Prácticas y Consumo Culturales mencionados anteriormente?

domingo, 3 de julio de 2005

Xalapa: hacia un imaginario cultural

Xalapa: eje político de Veracruz, asiento de los Poderes del Estado, ciudad donde se toman decisiones que impactan la dinámica social, económica, política y cultural de la entidad. Ciudad a la que miles de jóvenes piensan llegar a cursar estudios superiores. Espacio que artistas consagrados y noveles toman como destino de triunfo y consagración.

A esta ciudad la integran ricos y pobres, gente que asiste a diario a restaurantes, antros o bares para ver, dejarse ver, negociar o convivir; jóvenes que deambulan buscando un empleo temporal o permanente; adolescentes que pasean en las plazas comerciales para ver aparadores, encontrarse con el amigo o la novia y tomar café; mujeres que lucen ropa de ultima moda, joyería de la temporada; o bien aquellos que buscan un empleo “de lo que sea”, aunque nada tenga que ver con lo que estudiaron.

Xalapa no es construida solamente por los que aquí nacieron o que llegaron para asentarse, también la componen los paisanos originarios de Teocelo, Xico, Coatepec, Naolinco, Las Vigas u otros municipios que a diario se desplazan hacia ella para trabajar en oficinas gubernamentales, almacenes, expendios, talleres.

A la capital de Veracruz la conforman, también, sus edificios y espacios emblemáticos: la catedral con su “torre mocha”, palacio de Gobierno, palacio Municipal, la plaza Lerdo, la Normal Veracruzana, el estadio “Heriberto Jara”, el parque Colón, el Museo de Antropología, el Hemiciclo de las cuatro virtudes, el paseo de Los Lagos, la zona universitaria, el águila del Dique, el Ágora de la Ciudad, Los Berros, el Teatro del Estado. También la integran trescientas colonias aproximadamente, decenas de calles sin pavimentar ni con servicios de drenaje, agua potable o alumbrado público, donde la marginación y pobreza existen y contrastan con fraccionamientos y colonias con toda la infraestructura necesaria.

Pero Xalapa es más que la suma de sus partes, de sus edificios, de sus parques, de los individuos que la habitan, de sus colonias, de sus barrios. Xalapa como ciudad es un proceso permanente de interacciones e interrelaciones sociales, políticas, económicas y culturales, lo que se traduce en armonías, choques, contradicciones, confrontaciones, conflictos, acuerdos, simpatías, nostalgias, respaldos, solidaridad, expectativas, rechazo, discriminación, exclusión o inclusión.

Como todo espacio urbano, Xalapa es una y varias. Cada individuo, cada grupo, sector o comunidad que la habita tiene una “manera” de pensar, representarse o imaginar a Xalapa. Esta ciudad es una y varias, muchas y diversas imágenes. El producto de la transformación de las informaciones sensitivas que reciben sus habitantes son imágenes, que resultan ser construcciones mentales en torno a la percepción de un espacio y la calificación de esa percepción. Ese espacio es el entorno humano, xalapeño en este caso, que cada quien percibe de manera diferente, por lo que cada individuo tiene su propia imagen de la ciudad, su imagen urbana.

Para David Walmsley la imagen urbana como representación del entorno, del medio real, no comprende la totalidad de la ciudad, es decir resulta parcial; también es un producto simplificado pues no cubre, omite o ignora mucha información. Como es única y propia de una persona es idiosincrásica; y, por último, como es subjetiva resulta un producto distorsionado. En suma, la imagen urbana es parcial, simplificada, idiosincrásica y distorsionada.

También, para el mismo teórico, la imagen urbana se puede considerar como un fenómeno individual y como un fenómeno cultural. Como un fenómeno individual resume una visión particular del mundo y del sistema social en que se mueve quien la produce, además de que se ve influida por el nivel perceptivo y cognitivo, valores, personalidad y cultura de este mismo.

En cuanto fenómeno cultural la imagen urbana es un producto que presenta similitudes con otras, pues es resultado de un proceso que se da en individuos que en la ciudad viven problemas, situaciones y dinámicas similares; que registran básicamente la misma información; personas que viven las mismas presiones. Estos individuos poseen elementos culturales compartidos por sectores, colonias, gremios, grupos, barrios, que coadyuvan a dotarlos de una identidad. Es decir, la cultura sirve como mediadora entre el individuo y la ciudad; esa “medianza” se da en la imagen urbana.

En la construcción de las imágenes urbanas es fundamental el referente cultural compartido. Es la cultura como construcción y producto colectivo la que permite a los individuos coincidir en significados, símbolos y expresiones relativas a un ámbito y tiempo concretos respecto a un espacio urbano, asumiendo su pertenencia a un grupo: la generación “z” de la “Prepa Juárez”, la generación “Pumas” de la Normal, el grupo fundador del Ballet Folklórico de la Universidad Veracruzana, el equipo atlético del “Chicles” Villanueva, etc. Cada uno con su imagen particular y similar de Xalapa en un momento específico.

Una imagen urbana compartida puede ser tan fuerte que motiva un consenso en determinado momento aunque posteriormente sea cuestionada, pues pudo haber sido inducida, además de que es o representa una reducción de las complejidades de la ciudad y se impregna de elementos económicos, sociales, culturales y políticos. Ana Torres Ribeiro las denomina imagen-síntesis. Algunas de ellas pueden ser las siguientes: Xalapa, ciudad de las flores; Xalapa: la Atenas veracruzana; Veracruz: granero y yunque de la nación. Hoy muchas de ellas son producto de un proceso mercadológico.

Otra característica de la imagen urbana es que puede ser agradable o desagradable, positiva o negativa, ya que depende un tanto de la subjetividad del individuo y de su relación con el espacio urbano: deseado, soledad o convivencia.

De ello se deriva que la imagen urbana de Xalapa se asocie ya sea con el parque Juárez; sus restaurantes como La Parroquia; su naturaleza como Los Tecajetes, Los lagos del Dique, el estadio o su dinámica cultural; o por lo contrario con su basura, congestionamiento, contaminación ambiental, desempleo, manifestaciones que afectan la dinámica vial, falta de más librerías, carencia de servicios básicos en muchas colonias, etcétera.

Un imaginario urbano positivo idealiza a la ciudad y se traduce en sensación de seguridad, diversión, identidad, pertenencia, convivencia pacífica, medio ambiente agradable, vecinos y conciudadanos solidarios, eventos culturales para todos, edificios bellos, paisajes reconfortantes, arraigo, etcétera. Un imaginario urbano negativo significa monotonía, suciedad, inseguridad, peligro, miedo, soledad, incomunicación, falta de contacto con las autoridades, eventos culturales elitistas u otros aspectos inconvenientes.

Actualmente, un imaginario urbano negativo puede permear si se propician las condiciones para su generación, sobre todo en un escenario político convulso: ¡ciudad peligrosa!, ¡entidad insegura!, ¡territorio invadido por el narcotráfico!. Aquí, el papel de los medios de comunicación es fundamental.

Pero si una imagen urbana compartida lleva el reconocimiento “del otro”, que coincide con nosotros y cuyo proyecto de vida, práctica citadina cotidiana, anhelos y experiencias son similares, también un imaginario urbano compartido puede motivar lo contrario. Así como un imaginario urbano cohesiona, une y solidariza, también excluye, marca diferencias, hace patentes las diferencias entre sectores y puede provocar conflictos, choques, crisis al interior de los microespacios urbanos o en todo el espacio urbano, en lo individual y en lo colectivo: el libramiento de Xalapa ¿por el norte o por el sur?; ¿se debe seguir realizando el carnaval o suprimirlo definitivamente?; ¿qué hacer con la basura y el relleno sanitario?; ¿cómo resolver el problema vial?; ¿cómo solucionar el problema de las manifestaciones?. Cada grupo opina de acuerdo a su imaginario urbano, que para él es el mejor.

Un imaginario no es algo falso. Los imaginarios urbanos no son estáticos ni inmutables, evolucionan de acuerdo a prácticas citadinas y a los mismos cambios de quien los produce, individual o colectivamente, debido a factores como la globalización, mundialización y el interculturalismo. Un grupo puede ser portador de un imaginario durante un determinado momento y cambiar a otro opuesto o diferente. Estos cambios de imaginarios son la expresión de la evolución en las estructuras profundas de los colectivos y los individuos, de sus anhelos, de sus metas sociales, de sus intereses, alianzas, desencantos, coaliciones y nuevas visiones de la ciudad como ámbito de sus proyectos colectivos.

En la actualidad, los imaginarios urbanos son objeto de estudio, motivo de encuestas y preocupación de las autoridades, de tal manera que a veces se propician, en otras se trata de que se diluyan o que cambien de una visión negativa a una positiva: Xalapa como ciudad llena de basura a Xalapa como ciudad limpia, segura y habitable.

El imaginario urbano de Xalapa se integra por las imágenes que sobre ella construimos quienes la habitamos, pero también por quienes la visitan o están en ella temporalmente. Son imágenes, como ya lo dijimos anteriormente, asociadas al paisaje, la arquitectura, al Centro Histórico, personajes reconocidos, sus parques, mercados, iglesias, pero también sus fiestas, tradiciones, ferias, carnavales, actos masivos. Además de las interrelaciones e interactuaciones de todo tipo que en ella se generan.

Como la información que nutre nuestro imaginario es parcial y simplificada, quienes la complementan con diferentes enfoques, visiones e intereses son los medios de comunicación que a diario nutren nuestras imágenes de Xalapa con noticias políticas, policíacas, frívolas, económicas y sociales. En algunas ocasiones o en muchas la intención clara y explícita es influir, precisamente, en el imaginario popular para fortalecer, ampliar, maximizar o minimizar situaciones intrascendentes, escenarios fuertes, actores políticos o, también generar, escenarios fuertes, actores políticos o, también, generar escenarios inexistentes de crisis, caos o conflicto.

Los medios de comunicación resultan factores esenciales en la manera como los xalapeños concebimos, imaginamos y construimos nuestra ciudad. Pero en este momento, además, de mediadores han pasado ha formar parte del mismo imaginario citadino: ¿cómo habrá salido la noticia?, ¿qué tratamiento le habrán dado a mi caso?, ¿salió la noticia a ocho columnas en todos los medios?, ¡ningún medio sacó la información!, ¿qué traerá El Clarín de Xalapa contra él?.

En una ciudad como Xalapa, que es pensada como un espacio urbano donde se promueve y difunde la creación artística, a principios del actual siglo como en tantas otras ciudades, y como consecuencia de diversos factores, conviven los imaginarios del pasado y del presente. Citamos seis imágenes donde la información (con sus características ya mencionadas) y la visión de cada lector juega un papel relevante:

¿Se imagina usted el concierto inaugural de la Orquesta Sinfónica de Xalapa el 21 de agosto de 1929, con el maestro Juan Lomán y Bueno dirigiéndola al frente, interpretando la Sinfonía Incompleta de Schubert, entre otras obras, en el derrumbado teatro Lerdo (según datos del recordado Sergio Dorantes Guzmán y de la maestra Yolanda Reyes Pale)?. ¿Qué pensarían los estridentistas cuando llegan a esta ciudad invitados por Manuel Maples Arce, secretario general de Gobierno con el General Heriberto Jara Corona, entonces gobernador del Estado?; ¿recuerda usted o se imagina la inauguración de la Torre Cinética entre el Estadio Xalapeño y La Pérgola (no el restaurante sino los arcos jardinados donde hoy se ubica un gimnasio universitario) con la presencia de Salvador Novo y don Rafael Murillo Vidal gobernador del Estado? (¿por cierto, dónde se encontrarán los restos de la torre?).

¿Cuál es su imagen del público que asiste al Teatro del Estado como recinto donde conviven la Orquesta Sinfónica de Xalapa, el Ballet Folklórico de la Universidad Veracruzana, obras de teatro comerciales y diversos grupos artísticos de toda índole?; ¿cómo serán los antros, espacios o lo que usted quiera donde se desarrolla la cultura alternativa con propuestas innovadoras ajenas a la cultura del poder y a la oficial?; ¿cómo serán las relaciones entre la comunidad artística, las autoridades del sector cultural y al interior de ellas mismas: de entendimiento y confianza, de resquemor y acecho, con cuidado y desconfianza, de enfrentamiento y choque, de golpeteo y exterminio, de pelea por los raquíticos presupuestos?; ¿qué dependencia realiza promoción y difusión artística en las colonias marginadas?

Para concluir: ¿cuál es su imaginario cultural de Xalapa?